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Review Fargo: Who Rules The Land Of The Denial?

Cuando andas perdido, nunca sabes dónde podrás encontrar una guía que te marque la dirección a seguir. O de quien vendrá esa información. Hoy tenemos un ejemplo de algo que comienza como una cosa, y tras un nuevo rumbo, la dirección que toma es sorprendente… Bienvenidos a Fargo.

Y así es como empieza una recta final. No hay tiempo para palabras, solo acción. Lo que vemos es como se preparó la emboscada al autobús de prisioneros donde iban Nikki y Mr. Wrench, por parte de los esbirros de Varga, que no son 2 si no 3 (Recordáis al falso policía del capítulo anterior, pues no va en solitario, no). Sabiendo el desenlace que tiene la trampa, podemos avanzar y ver lo que sucede después. Nikki está inconsciente, pero Mr. Wrench no. Oímos lo que el oye: nada en absoluto. Intenta liberar la cadena de la argolla que los ata a Nikki y a él, pero no puede. Entonces un sonido nos despierta, a nosotros y a Nikki: un disparo, ya que los esbirros están acabando con los policías, Nikki ayuda a Mr. Wrench a liberarse, cosa que logran justo cuando el “policía” entra en la cabina. Nikki busca abrir la puerta y Mr. Wrench se dispone a departir unas palabras sobre la evolución semántica del término “prisión”… Para nada, le somete a una paliza soberana ante el asombro de Yuri y Meemo. Nikki abre y consiguen escaparse, cerrando para impedir el paso y ganar ventaja, la que se acrecenta cuando un coche pasa por allí y contempla despacio el espectáculo. Olvide señalar que nuestros esbirros llevan más caras de animales, pero en este preciso momento no; el “policía” deja su cara al descubierto y su nueva misión es seguir a la pareja del coche.

Nikki y Wrench están huyendo por el bosque. No pasa mucho hasta que Nikki descubre que su compañero es sordomudo. Intenta liberarse de la cadena, pero Wrench la detiene y se ponen en movimiento. Un segundo después, Yuri y el policía, al que vamos a llamar “Golem” (básicamente porque eso dice IMDB, y es algo sagrado), pero no logran encontrarlos. Los fugitivos siguen su camino, con Nikki hablando sola y Wrench preguntándole si la persiguen a ella, por lo que solo puede pedir perdón. Parece que están a salvo, pero no es así. Yuri y Golem están vigilando desde arriba del claro. Golem deja ver un tatuaje con el nombre “Helga” (permitidme el inciso para decir que DJ Qualls nunca había conseguido darme tanto miedo como hasta ahora. Mis felicitaciones al equipo de casting y a la dirección de actores porque siempre se coronan), a lo que Yuri dice que una vez conoció a una, que nunca paraba de hablar. Un precioso momento de camaradería que se rompe con una flecha atravesando la cabeza de Yuri, la cabeza animal digo. Los culpables son un padre y un hijo que al ir a recoger su trofeo orgullosos con sus ballestas, descubren que no es más que una piel, apareciendo Yuri con cara de pocos amigos tras ellos. Lo siguiente que vemos es a los sicarios seguir la búsqueda de los fugitivos con una ballesta en la mano.

En el camino, Nikki va delirando dentro de su cabeza, repitiéndose la última conversación que tuvo con Ray, seguramente arrepintiéndose por no acompañarle. El camino les lleva a un pequeño claro, donde hay un muñeco ensartado por flechas y un tocón con un hacha. Obviamente, intentan liberarse con dicho hacha, pero cuando Wrench está a punto de conseguirlo, una flecha se clava en su mano. Se protegen tras el tocón pero no dejan de llegar flechas. Cuando Nikki propone huir, una flecha atraviesa su tobillo y lo impide. De repente, una figura surge de entre los árboles, apuñala a Wrench y sale corriendo, cuando vuelve vemos que es Golem. Nuestros fugitivos le hacen tropezar, y Wrench le clava una flecha en la pierna. En ese momento, otra flecha surge de los árboles, y Wrench lanza el hacha en esa dirección, consiguiendo que no lleguen más flechas. Entre Nikki y él, cogen a Golem y comienzan a ahogarlo con la cadena, apoyándolo en el tocón, y tanto va el cántaro a la fuente… El cuello de Golem no aguanta, y la cadena lo atraviesa de parte a parte como si fuese un cable de acero. Wrench coge fuerzas, rompe lo que quedaba de cadena y ambos huyen, dejándonos ver el hacha clavada en un árbol, prácticamente intacta salvo porque una oreja ensangrentada yace en el suelo…

Hasta aquí todo claro, ¿verdad? Pues atentos que es ahora cuando la cosa se vuelve un tanto surrealista. Nikki y Wrench llegan a una bolera donde no hay nadie más que los trabajadores. Nadie se alerta por sus pintas, ella pide un par de vasos de whiskey cuando, de la nada, aparece un viejo conocido nuestro: Paul Marrane. Este le dice a Nikki que está empezando a comprender que la vida es sólo sufrimiento, y entonces saca un cachorro de gato de una caja a su lado diciendo que se llama Ray (y dejando a Nikki un poco desorientada), para preguntarle después si conoce el “ghuilgul”. Es una palabra hebrea que describe como un alma vieja se introduce con un cuerpo nuevo. Nikki mira al gato y pregunta si es realmente Ray, pero Paul no responde. Habla sobre la historia del rabino Najman y la matanza de Umán (Ucrania) bajo manos de los cosacos y como el primero quiso que su alma apaciguase a las de las víctimas. Todo esto está alcanzando un tono muy metafísico. Paul pregunta a Nikki si es la primera vez que está allí. Nikki no entiende por qué debería ir a esa bolera, pero la frase de Paul es la que nos hace preguntarnos el auténtico sentido de esto:

“¿Es eso lo que realmente ves? Tarde o temprano todos acabamos aquí para ser sopesados y juzgados, como lo es ahora para ti y para tu amigo.”

(¿Puede ser esto un purgatorio? ¿Un contacto con el más allá? ¿Una línea con otros mundos como la del alienígena de la temporada pasada?) Paul dice que ha convenido a Wrench que va por el buen camino. En cuanto a Nikki, le ofrece un coche que hay en la entrada y que tiene las llaves bajo la alfombrilla. Además los pecados de Nikki han sido perdonados. (¿Esto es Fargo o American Gods? ¿Horus? ¿Anubis?) La condición es que Nikki mande un mensaje “a los impíos” en el momento apropiado: “Aunque te remontares como el águila, aunque entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dijo el Señor.” (Es una frase tomada por el profeta Abdías 1:4. ¿Nos estamos metiendo en algún tipo de castigo divino? Puede ser que el asunto de Sísifo y el sello no sea lo único que hable de condenación divina…) Tras devolver el gato a Paul, creyendo de verdad que es Ray reencarnado, sale con Wrench de la bolera y se van en el coche de Paul.
Ha sido bastante surrealista, ¿verdad? Pues no hemos acabado… Nada más irse, Yuri (sin oreja) entra en la bolera, y tras pedir unas servilletas, también se encuentra con Paul, que le llama por su nombre y apelativo “Yuri Gurka, cosaco de las llanuras” y le dice que tiene un mensaje de Helga Albrecht y del rabino Najman. Entonces Paul mira al frente, cosa que Yuri hace también, (y esto ya que si que nos lleva a otro camino diferente en el lenguaje de la historia y del capítulo) y ve a un montón de ucranianos (de Umán) devolviéndole la mirada durante un momento.

Y cambiamos de lugar hasta casa de Gloria (donde su ex y la nueva pareja de este están de visita), donde su hijo abre los regalos de Navidad, pero no podemos solazarnos mucho en su descanso familiar: una llamada la hace ponerse en marcha. Gloria es puesta al día del suceso del autobús, de que ha sido provocado, que han acabado con los posibles testigos, y que Nikki no está en el autobús con toda seguridad.

Y ahora nos movemos a casa de Emmit, siendo Meemo quien abre la puerta (¿es que ahora viven aquí?), donde Sy va a buscarle para una declarar en comisaría. Varga le hace pasar, y le agasaja con comida y té, bloqueándole el camino hacia Emmit. El villano le dice que tiene una buena noticia, y es que ahora es 5 millones de dólares más rico de lo que era ayer, y que pasará más veces, pero ya en el siguiente año fiscal. Tras poco más que decir, acompañan a Sy a la puerta diciéndole que le comentarán a Emmit que ha llamado. Cuando va a montarse en el coche, ve a Emmit en la ventana mirándole, y le saluda, pero el primero no le devuelve el saludo, si no que se da la vuelta y cierra la cortina.
Lo siguiente que sabemos de Sy es que entra notablemente enfermo a la oficina (no os pensaríais que era té en verdad), donde acaba vomitando sin evitarlo y desmayándose. Seguimos a Sy en su periplo por el hospital, hasta que acabamos con un Sy con una barba y pelo más largo. ¿La fecha? 15 de marzo de 2011, y Emmit sentado observándole. Cuando sale de la habitación, las agentes le están esperando para hacer preguntas. Él se escaquea de todas las formas posibles, pero ellas hacen preguntas sobre la intoxicación de Sy, lo que pasó a su hermano, pero las intenta dejar atrás en el aparcamiento. Y es aquí donde encontramos una sorpresa (al igual que Emmit): el coche de Ray está aparcado allí. Las policías no lo comprenden, y Emmit sale corriendo para el otro lado. Una vez llega al despacho, parece que la persecución acaba, pero no es así, ya que todos los cuadros de la habitación están cambiados por una misma imagen: el sello. Obviamente, Emmit se vuelve loco y llama a gritos a su secretaria pidiendo explicaciones. Ella sólo sabe que están allí desde por la mañana y nada más, apuesta por un cambio de Varga en la decoración. Emmit acepta esa excusa y la deja irse asustada., para llamar él a Varga. Le dice que Ray está vivo, pero este lógicamente sabe que no es verdad. Varga intenta tranquilizar a Emmit, que dicen que necesitan más hombres para vigilar y que no entiende como han puesto el coche de Ray en su plaza. A Varga le cambia la cara sabiendo que ha estado en el hospital, pero le dice que se tranquilice porque ha ganado. Y eso es lo que importa, ¿no?

Lo siguiente que sabemos de Emmit es que está medio borracho en su casa, con el recuerdo constante de su hermano en la cabeza, y cuando se levanta al baño descubre algo: tiene bigote. Un bigote como el de Ray. Consigue arrancárselo con esfuerzo mientras grita por ayuda a Meemo, que está bailando abajo. Cuando llega Varga no comprende cómo ha podido pasar algo así, y pregunta si Emmit ha firmado los documentos pendientes, cosa que no ha hecho y no hará hasta que resuelva lo que pasa. Meemo da unas pastillas a Varga, que este entrega a Emmit para que las tome diciendo que es un sedante para que no se acelere, mientras le cuenta también una historia sobra la rendición japonésa en la II Guerra Mundial, que acaba con Emmit cerrando los ojos. Meemo le sube a la habitación, pero cuando se va, descubrimos que Emmit no ha tomado las pastillas y está más que despierto.

Hora de cambiar de lugar, para encontrar a Gloria en su nueva oficina, a punto de firmar los papeles del divorcio, enviados por su ex. Tras entregar el sobre, se gira y descubre en recepción una cara conocida que se ampara en la siguiente frase: “Soy Emmit Stussy, y quiero confesar”.

Un paso más para cerrar una nueva temporada, pero muy sorprendido por la calidad que está cogiendo la temporada al acercarse al final, sabiendo lo mal que había empezado.
Por supuesto todos tenemos claro en la cabeza quien puede estar tras los castigos a Emmit, pero quien sabe… Fargo es una caja de sorpresas y lo mismo nos equivocamos.
Ha sido un impresionante capítulo, que ha empezado con mucha acción, nos ha dado una mitad de reflexión y desubicación, y una última parte que sin duda ha dado el pistoletazo de salida al final de la temporada.
Si este es el nivel, ojalá Fargo dure muchísimos años.

¡Nos vemos en la próxima review!

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